Mié
21
Dic

 

¿El ajedrez como asignatura?

El ajedrez es un juego mundialmente conocido y que siempre ha estado presente en multitud de centros educativos de forma extraescolar. Últimamente son cada vez más las personas que quieren incorporarlo a sus centros, pero esta vez ¡dentro del currículo!; y este parece ser un objetivo de futuro en las escuelas españolas, o por lo menos así nos lo transmitieron desde el ámbito político[1], si bien es cierto que desde la fecha hasta hoy no ha habido ningún movimiento, ni si quiera de un simple peón, hacia adelante.

Son ya muchos los estudios que se están llevando a cabo sobre los múltiples beneficios del ajedrez en los alumnos, tanto en su rendimiento escolar como en su desarrollo personal y social. Algunos de esos estudios han dado frutos en forma de resultados, como por ejemplo el Estudio MiniChess Escolar[2] en el que se concluye que aprender ajedrez duplica el rendimiento de los alumnos en matemáticas y en lectura frente a los que no juegan. También algunas comunidades autónomas de nuestro país, están llevando a cabo estudios, promovidos desde las consejerías de educación, así es el caso de Cantabria[3], entre otras. Así mismo, en Andalucía se está implementando otro proyecto sobre Ajedrez Educativo a cargo de los hermanos Escobar Domínguez, que además de publicar un libro tienen también un canal de YouTube donde tienen videos muy interesantes para aprender y practicar (AJEDUCA).

Con todos estos estudios y proyectos parece razonable introducir el Ajedrez como asignatura ya que además de trabajar algunas de las inteligencias múltiples ―lógico-matemática, la lingüística-verbal, interpersonal, intrapersonal, visual-espacial y la cinestésica— también desarrolla las competencias clave que se establecen en la última ley aprobada, a saber: competencia en comunicación lingüística; competencia matemática y básica en ciencia y tecnología; competencias sociales y cívicas;  competencia digital; aprender a aprender; conciencia y expresiones culturales; sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor.

Por otro lado, además de ser un juego centenario y un deporte, el ajedrez, nos permite jugar prácticamente en cualquier lugar y sin necesidad de hacer una inversión más allá del tablero y las piezas (incluso ni siquiera esto, si disponemos de una aplicación o internet). Asimismo, es un entretenimiento estupendo para pasar buenos ratos, tanto en familia como con los amigos. Os recomendamos visitar esta página para practicar e incluso jugar con otros jugadores en línea: LICHESS.

Uno de los objetivos que más interés despierta el ajedrez es la posibilidad de empatizar con el adversario y poder prever sus movimientos; lo curioso de todo es que el adversario también puede hacer lo mismo, de modo que puede entrar en juego la táctica del despiste para no ser descubierto. Respecto a esa capacidad de empatizar, cabe decir que con la práctica del ajedrez se están poniendo en marcha habilidades sociales a un nivel elevado y resulta casi increíble observar a alumnos menores de 8 años desarrollando dichas habilidades.

Por todo lo dicho anteriormente, parece más que justificada su introducción en el currículo, pero como esto no nos compete a nosotros, sí que podemos, mientras tanto, aprender, enseñar y jugar con los niños.

 

Patricia Clemente Clemente, Maestra en Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje 

Enrique Pérez Fernández, Maestro en Pedagogía Terapéutica



[2] Estudio de la Universidad de Pretoria. Pearson 2011.

[3] BOC-2014-4958 Todavía no se han publicado los resultados, pero todo apunta a que el ajedrez beneficia en general el rendimiento escolar y sobre todo a los alumnos con TDAH, mejorando la función ejecutiva de planificación.

 

Mar
22
Nov

 

A día de hoy, es complicado conocer exactamente lo que hacen nuestros adolescentes en su tiempo de ocio. Existen peligros reales que debemos conocer para prevenir, saber que están ahí, y ser capaces de dotarles de estrategias para que sean personas con criterio, sentido común y capacidad de toma de decisiones acertadas.

No podemos vivir ajenos a la realidad que nos rodea. Nuestros chicos y chicas van a tener a su lado multitud de situaciones que en otro momento eran impensables y, de lo que ellos elijan, puede depender en gran medida su futuro próximo.  

Ahora mismo, además de temas conocidos como el alcohol, el tabaco o las drogas, se han sumado otros como las nuevas tecnologías o el mundo de las apuestas.

Raro es pasar junto a un grupo de jóvenes y no ver a alguno pendiente de su móvil. Las redes de mensajería, las conexiones a internet en estos terminales, pagadas en la mayoría de los casos por sus padres sin ningún control de navegación, nos han llevado al punto de que las conversaciones cara a cara no son la parte más importante de una relación de amistad. La media de horas, sí, sí, horas que permanecen delante de una pantalla diarias es casi mejor ni decirla y el número de veces que consultan el móvil al cabo del día… cada uno que valore y haga sus cálculos.

En nuestras ciudades, existe ahora una proliferación de lugares de juego, y por juego me estoy refiriendo a lugares donde se genera y mueve bastante dinero. En la red, por otro lado, también existen páginas muy sencillas de manejar, anunciadas en los principales medios de comunicación, que consiguen enganchar a nuestros jóvenes realizando pequeñas apuestas que posteriormente pasarán a otras cantidades más importantes de dinero.

La típica quiniela que se rellenaba con los amigos hace años ha dejado paso a apuestas de todo tipo. Las clases de apuestas nos pueden llegar a sorprender si prestamos atención. Se invierte en el número de veces que saldrá el balón por el fondo sur en un partido, el número de goles que habrá en el mismo y si alguno será de falta o en cuántas tarjetas amarillas se mostrarán durante los primeros cuarenta y cinco minutos.

Se han identificado algunos factores de riesgo que pueden predisponer a una persona a tener problemas de ludopatía: factores psicológicos (alta impulsividad, necesidad de buscar sensaciones fuertes, dificultades para afrontar conflictos y baja autoestima), factores sociales (entorno favorecedor de juego desde edades precoces o haber sufrido situaciones traumáticas o estresantes) y factores biológicos.

Ya hay medios de comunicación que en alguna ocasión se han hecho eco de todo esto Hemos de ser conscientes de que puede resultar un problema para nuestros chicos por la adicción que se puede generar o para  las propias familias, que se ven desbordadas por una situación  que no conocen y en donde no saben cómo intervenir.

En muchas de estas situaciones no es un adulto el que participa, el que sabe controlar sus gastos y conoce dónde y cómo, sino menores de edad que, escondidos tras la red o contando con personas que actúan de intermediarios invierten cantidades de dinero más o menos importantes.

Creemos que es necesario hablar con ellos, explicar este mundo y ser capaces de hacerles entender con criterio propio. Este es el objetivo de hoy, hacernos conscientes de esta realidad que nos rodea e intervenir de forma preventiva desde nuestras casas, desde la familia, ojalá lo consigamos.

 

Para entender esta situación, nos parece importante citar los tres puntos que tiene que tener un “jugador responsable” y, muchos de nuestros jóvenes, no cumplen estos parámetros:

  1. El jugador responsable juega para divertirse y entretenerse, no para ganar dinero. Sabe que puede tener suerte y ganar, pero que también puede perder.
  2. Jugar responsablemente significa tomar decisiones basadas en hechos, manteniendo el control sobre el tiempo y el dinero que quiere gastar.
  3. Jugando responsablemente, hace que la actividad del juego sea una experiencia agradable, divertida, sin riesgo de daño a sí mismo, familia y/o amigos.

 

Añadimos a continuación algunas páginas web en donde podéis continuar investigando sobre este tema tan de moda en la sociedad actual y en donde podéis encontrar recursos para controlarlo.

 

 

                                                        SANTIAGO BAÑUELOS MARTÍNEZ

                                                                  Orientador ESO

Mar
17
May

 

CREATIVIDAD Y FAMILIA: consejos para lograr un hogar más creativo

 

Favoreciendo el juego como camino hacia el aprendizaje de la creatividad.

 


Diego Sáenz Martínez de Pisón – Maestro especialista en Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje

 

Con la redacción de este artículo se pretende, de forma general, aportar una serie de datos referentes al ámbito de la creatividad y, de forma particular, exponer algunas pautas para que los padres puedan ayudar a sus pequeños a desarrollar esta habilidad cognitiva.

Para la elaboración del artículo se ha contado con la lectura y estudio de una gran cantidad de documentación sobre el tema y la realización de un trabajo de recopilación y reflexión sobre el desarrollo de la creatividad en el aula. Además de este documento, se adjunta una guía para padres y profesores sobre el tema del juego, publicada por el gobierno de Aragón. Ir al final del artículo.

 

En una sociedad en la que nos tenemos que enfrentar a múltiples casuísticas (crisis económica, desigualdades sociales, aparición de enfermedades, avances científicos…) se hace cada vez más necesario el desarrollo de las habilidades creativas desde las primeras etapas del desarrollo. En primer lugar, conviene romper con ciertos mitos que rodean y ensombrecen a la creatividad y que ha provocado que ésta haya sido dejada de lado durante mucho tiempo. Al igual que ocurre con otros componentes cognitivos como la atención o la memoria, la creatividad es inherente al ser humana y puede situarse en diferentes niveles. No obstante, ésta puede ser desarrollada y puede incrementarse, si se trabaja y si se dan las condiciones para que el niño se vea envuelto en situaciones que requieran el uso del pensamiento creativo o lateral, como también se suele denominar. Por lo tanto se trata de una facultad universal y dinámica. No es una capacidad reservada a científicos brillantes, artistas, directores de cine… La creatividad es propia del ser humano y está al alcance de todos.

Una vez que somos capaces de asumir el hecho de que todos los seres humanos hemos nacido con la capacidad creativa, es decir, esa habilidad que nos permite resolver situaciones de forma nueva y original; debes preguntarnos:

¿Qué medidas pueden tomar los padres para desarrollar la creatividad en sus hijos?

  • Prepararnos y prepararlos para acoger la creatividad en casa

Se trata de la antesala de todo el proceso que pretendemos conseguir con nuestros hijos. Es el aspecto en el que más nos tenemos que implicar y, quizás, el más difícil. Se trata de hacer un cambio de mentalidad. Es el momento de pensar en que hay que dar algo más de libertad en la toma de decisiones, dejar tiempo a los niños para que duden, para que se hagan preguntas… A padres y profes nos resulta difícil no contestar a las curiosidades de los pequeños. Muchas veces, la respuesta a las preguntas que nos hacen está en ellos mismos y pueden llegar a ella de forma más autónoma, si se lo permitimos. Se trata de ir poco a poco, desde lo más sencillo… De este modo conseguiremos que ellos mismos se entrenen y vayan mejorando y contestando a preguntas más y más complicadas utilizando el ingenio y la imaginación.

  • Optimizar el ambiente del hogar

Una persona desarrollará más su creatividad si se rodea de un ambiente creativo (padres dispuestos para la creatividad, espacios abiertos, ambiente de libertad…). Hemos hablado más arriba del primer punto; ahora bien, necesitamos propiciar algunas condiciones más, para que el hecho de volvernos unos papás creativos sea de utilidad. Siempre que se pueda, debemos aprovechar cada espacio de nuestro hogar para desarrollar la creatividad y no dedicar “ese” espacio para que nuestros hijos sean creativos. En la cocina se puede ser creativo inventando recetas, por ejemplo o inventando historias en la bañera… Los ambientes coloridos, diáfanos, la posibilidad de tener múltiples materiales para elaborar expresiones creativas (papel, plastilina, construcciones…) ayudan a que los pequeños sientan ese afán creador y se alejen de lo convencional, desarrollando así el pensamiento divergente (creativo).

  • Ser flexibles

Este es un aspecto actitudinal que los padres deben intentar desarrollar si pretenden favorecer la creatividad de sus pequeños. Se acaban las respuestas correctas o incorrectas o los dibujos bien o mal hechos. Se valora positivamente lo nuevo y la originalidad. Como padres, tenemos que abrirnos a flexibilizar el tiempo, los espacios, el uso de los recursos materiales… A veces las historias no tienen por qué acabar como siempre; nuestras hijas e hijos pueden tener en su cabeza muchos finales inventados que pueden no decir por miedo a que pensemos que son tonterías.

  • Impulsar la motivación y las emociones positivas

El aprendizaje de la creatividad tiende a ser un poco caprichoso. La investigación sobre el tema ha demostrado que las ideas y productos creativos no se desarrollan tanto como otros aprendizajes cuando, como padres o maestros, los reforzamos positiva o socialmente. Es decir, si insistimos a un niño en que su dibujo es muy bonito o que lo ha hecho muy bien, está claro que conseguiremos que se ponga muy contengo, pero no por ello favoreceremos que sus obras sean más creativas. ¿Cómo podemos motivar a nuestras hijas e hijos para favorecer que sus ideas y trabajos sean más creativos?

La motivación que lleva a las personas (pequeñas y mayores) a impulsar su creatividad es mayoritariamente intrínseca. Esto quiere decir que las ganas de crear y hacer cosas originales no reside en la consecuencia que tiene esa idea en nuestro ambiente, sino que se refleja en la propia tarea de crear. Hacer algo nuevo, tener momentos en los que surge una idea nueva, el momento en el que se produce el hallazgo de la respuesta (denominado insight por infinidad de autores) provoca una sensación de mucha felicidad y autosatisfacción personal. Además, debemos conseguir que en los momentos de creatividad nuestros hijos estén disfrutando de la tarea. Ellos estarán mejor si ven que estamos con ellos y que compartimos ese rato lúdico, de juego creativo en familia. Esto les impulsará a seguir siendo pequeños genios.

  • Fomentar el juego en sus versiones más imaginativas

Para finalizar esta reseña, resulta imprescindible otorgar una mención especial al juego; entendiéndolo como la mejor vía para el desarrollo de la creatividad en casa. Son las situaciones de juego las que favorecen, precisamente, ese ambiente de libertad y relajación que engrasa los engranajes del proceso creativo. La rigidez, las normas muy marcadas y las instrucciones inamovibles pueden provocar que los juegos de nuestros hijos no tengan mucha repercusión en el desarrollo de esta habilidad. Sin embargo, la realización de juegos en los que las normas pueden ser inventadas por los propios jugadores y en lo que toda idea que cambie el juego sea bienvenida serán los que más beneficien a la puesta en marcha de las funciones del pensamiento lateral.

Por las razones que se acaban de nombrar, se deja una guía para padres y profesores en la que podréis encontrar trucos y consejos para optimizar el juego de nuestros hijos.

 

¡Espero que os sirva!


Enlaces:

 

http://www.aulaviolenciadegeneroenlocal.es/consejosescolares/archivos/crecer.jugando.pdf

https://zaguan.unizar.es/record/48078/files/TAZ-TFG-2015-196.pdf

 

 

Vie
08
Abr

 

Isabel Robredo Solanas- Orientadora y profesora EPO -


Esta entrada está basada en un documento elaborado por el Gobierno de Navarra que pretende servir como instrumento de análisis y reflexión para padres y madres e hijos/as en el proceso de adquisición de conductas responsables.

Es muy frecuente oír a madres y padres cosas como: "en casa no hace nada"; "se le olvida todo"; "si no estoy encima, no estudia"; "tiene su cuarto como una leonera“…

Educar es ayudar a la persona a alcanzar la capacidad de ser independiente, de valerse por sí misma, de tomar decisiones, de hacer uso de la libertad desde el conocimiento de sus posibilidades.

Educar en la responsabilidad no es tarea fácil. Se consigue solo mediante el esfuerzo diario de padres y educadores, pero la recompensa es grande: educar adultos responsables.

 

¿QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD?

  • Es la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones buscando el bien propio junto al de los demás.

Los niños deben aprender a aceptar las consecuencias de lo que hacen, piensan o deciden. Nadie nace responsable. La responsabilidad se va adquiriendo, por imitación del adulto y por la aprobación social, que le sirve de refuerzo. El niño siente satisfacción cuando actúa responsablemente y recibe aprobación social, que a su vez favorece su autoestima.

 

EXIGIR DE ACUERDO A SU EDAD

Entre dos y tres años:

  • Puede hacer algunas tareas bajo el control del adulto.
  • Todavía no comprende lo que hace bien o mal y obra de acuerdo a mandatos y prohibiciones porque no posee autocontrol.
  • Colabora con el adulto en ordenar y guardar sus zapatillas, su pijama, regar las flores y hacer algunas tareas concretas como poner y recoger las servilletas, etc.

 

Entre tres y cuatro años:

  • Observa la conducta del adulto y la imita. Actúa en función del premio o el castigo. Ya va siendo capaz de controlarse y de tener orden en sus cosas.
  • Colabora en guardar juguetes y los debe recoger. Puede poner algunas cosas fáciles en la mesa como el plato y los cubiertos, etc.
  • Se desnuda solo y se viste con ayuda. Aprende a compartirlas cosas y a esperar su turno.
  • Muestra interés creciente por jugar con otros niños.

 

Entre cuatro y cinco años:

  • Sigue observando e imitando al adulto.
  • Necesita que le guíen pero tiene deseos de agradar y servir y por eso suele tener iniciativas responsables como vestirse, recoger sus juguetes, controlarse en un espectáculo, etc.
  • Ya puede dársele alguna responsabilidad: poner la mesa, ocuparse de algún recado dentro del entorno familiar. Puede cuidar a hermanos pequeños durante algún rato, estando un adulto cerca.
  • Debe dejar ordenados los objetos que usa. Es bastante autónomo en la comida y en su cuidado personal se calza, se lava y va al baño solo.

 

Entre cinco y seis años:

  • Acepta los turnos en el juego, aunque no siempre los respeta. Suele asociarse con dos o tres niños para jugar y entabla las primeras amistades.
  • Ya ha aprendido bastantes conductas y, aunque necesita que la persona adulta le diga lo que debe o no debe hacer, conviene presentarle dos opciones, para que elija.
  • Puede ser responsable de tareas domésticas sencillas: limpiar el polvo, recoger la mesa, preparar su ropa para vestirse, buscar lo que necesita para una actividad concreta.
  • No hay que olvidar que el niño sigue imitando y que es exigente en la aplicación de la norma para todos. Le agrada ayudar y cumplir encargos y recados sin cruzar la calle o pasar por lugares peligrosos.
  • Juega en grupos de tres o más y sigue reglas sencillas. Intenta ser autónomo y puede rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina, autoridad y normas sociales.
  • A partir de los cinco años comienza a despertar la intencionalidad, asimila algunas normas y se comporta de acuerdo con ellas.

 

Entre seis y siete años:

  • Con control y ayuda para evitar descuidos involuntarios, puede y debe prepararse los materiales para realizar una actividad.
  • Comienza a ser capaz de controlarse en desplazamientos muy conocidos y próximos tales como el colegio, la casa de amigos que vivan en el mismo bloque de viviendas, casa de algunos familiares, etc.
  • Puede disponer de algún dinero semanal y aprender a administrarlo, sabiendo que, si lo gasta, deberá esperar a la semana siguiente para recibir una nueva paga.
  • Todavía se guía por las normas y hábitos del adulto: identifica el bien con lo mandado y el mal con lo prohibido o lo que enfada al adulto.
  • Cumple las órdenes al pie de la letra, generalmente hasta los ocho años.
  • Tiende a formar grupos de relación con compañeros del mismo sexo. Aprende costumbres sociales relacionadas con el saludo, la despedida, el agradecimiento, etc. Actúa de forma responsable si se le ofrecen oportunidades para ello.
  • Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, culpa a los demás o a las circunstancias porque no soporta que le consideren malo.
  • Va adquiriendo la noción de justicia y comprende las normas morales mediante ejemplos concretos.

 

A los ocho años:

  • Comienza a adquirir autonomía personal y puede controlar sus impulsos, en función de sus intenciones.
  • Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos. Todavía precisa alguna supervisión. Pueden dársele responsabilidades diarias: preparar       el desayuno, bañarse, acudir solo al colegio, etc.
  • Empieza a distinguir la voluntad del adulto de la norma y es consecuente en su conducta.
  • Sabe cuándo y cómo debe obrar en situaciones habituales de su vida. La actuación de las personas adultas es decisiva, dado que si persiste una presión autoritaria el niño se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, se obra de forma permisiva, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantenga la exigencia.
  • Le atrae el juego colectivo y coopera en grupo.
  • Es capaz de prever las consecuencias de sus actos.

 

Entre nueve y once años:

  • Ya es bastante autónomo en sus intenciones y, por lo tanto, en su responsabilidad.
  • Suele tener una organización propia para sus materiales, ropas, ahorros...
  • Puede encargarse de alguna tarea doméstica y debe realizarla con responsabilidad y cierta corrección.
  • Le gusta que se le recompense por la tarea que se le encomienda.
  • Aunque aparezcan rasgos de dependencia, le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales.
  • Se hace estricto, exigente y riguroso.
  • Se identifica con su grupo de amigos en el que cada uno tiene una función asignada y se acata lo que dicta el jefe de la pandilla.
  • Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas, aunque para los demás suele ser muy estricto.
  • Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a obedecer y su afán de mandar a otros niños menores.
  • Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad, bondad, etc.

 

Entre once y doce años:

  • La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por el comportamiento que observa en sus amigos y amigas o compañeros de clase. Los hermanos y hermanas mayores tienen más influencia sobre ellos que los padres.
  • Aparece una etapa en la que la crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.
  • Necesita tener amigos y depositar en ellos su confianza; es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, las aficiones, etc.
  • Quiere ser como los mayores. Tiene sentido de responsabilidad, trata de cumplir sus obligaciones y se hace más flexible en sus juicios. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar.
  • Tiene capacidad para valorar lo bueno o malo de sus acciones, puede pensar en las consecuencias, conoce con bastante objetividad sus intenciones y desea obrar por propia iniciativa, aunque se equivoque.

 

La responsabilidad se adquiere y desarrolla progresivamente, por etapas. Existen ritmos distintos en cada persona. Las fases descritas no deben entenderse de forma estricta sino como una referencia.

 

APRENDER A TOMAR DECISIONES

  • Ser responsable no sólo es cumplir debidamente lo que se manda. Eso sería obediencia; es algo más, es saber elegir y decidir por uno mismo, con eficacia, en aquello que es propio de su nivel de madurez o experiencia
  • Aprender a tomar decisiones le ayudará a resolver sus necesidades y las de los demás.
  • Pedir que se razonen las decisiones es el modo de enseñar a no obrar de un modo caprichoso o impulsivo.
  • Enseñar a elegir entre pocas posibilidades.
  • Enseñar a tolerar cambios imprevistos y que suponen una alteración de su plan tras una decisión tomada.
  • Deben valorar los aspectos positivos y negativos de cada alternativa.

 

ESTABLECER LÍMITES

  • Es conveniente demostrar que la familia se organiza y avanza si entre todos responden a sus necesidades, cada cual de acuerdo con sus posibilidades.
  • Es necesario desterrar toda forma de autoritarismo en el modo de mandar. Las normas de nuestro hogar tienen que ser pocas, claras y bien comprendidas.
  • Es imprescindible dictar las normas desde el afecto y no dejándose llevar por el nerviosismo del momento.
  • Es importante que estemos atentos a las buenas conductas para reforzarlas y alabarlas con frecuencia.
  • Hay que dejar claro que es su conducta inadecuada la que nos enfada y disgusta pero que, como persona e hijo/a, le seguimos queriendo igual. Hay que desterrar las descalificaciones globales del tipo: "¡Ya sabía que lo ibas a hacer mal!" o "¡Eres un inútil!".

 

PROCURA EVITAR….

  1. Comparaciones que dejen a tu hijo en ridículo.
  1. Comentarios que generen ansiedad, temor o inseguridad, y descalificaciones globales.
  2. Gritos, malos modos y amenazas.
  3. Ver a tu hijo/a como persona pasiva que sólo recibe órdenes.
  4. La sobreprotección.
  5. Manifestar desacuerdo entre padre y madre delante de los hijos/as.

 

RECOMENDACIONES PARA PONER EN PRÁCTICA

  • Buscar ocasiones para alabar con realismo y precisión.
  • Señalar límites adecuados y concretos a las acciones que no deseas que repitan tus hijos/hijas.
  • Dejar claras las normas de comportamiento.
  • Reconocer y valorar su esfuerzo, no sólo el resultado final.
  • Transmitir entusiasmo e implicarte en los asuntos e intereses de tus hijos.
  • Comprender que debe desenvolverse solo ante las dificultades y felicitarle cuando las resuelva adecuadamente.
  • Escuchar con paciencia y sin interferencias de televisión, radio, etc.
  • Considerar que vosotros, padre y madre, sois modelos constantes de referencia y que os van a imitar.
  • Favorecer la participación de los hijos e hijas para decidir algunos asuntos y elegir entre posibilidades.
  • Invitar a tus hijos a contar sus experiencias para crear un clima de confianza y diálogo.
  • Hacer referencia a la conducta que no os parece adecuada y no mezclarla con otras conductas anteriores.
  • Ayudarles a verse de modo realista, reconociendo sus valores y sus dificultades.

 

La responsabilidad genera respeto hacia los demás y, por supuesto, hacia uno mismo. Además, facilita amistades sanas, firmes y prolongadas. Nuestros hijos e hijas serán más libres y felices.

 

En el siguiente enlace podéis encontrar la guía completa del Gobierno de Navarra para desarrollar conductas responsables entre los 3 y los 12 años:

http://www.educacion.navarra.es/documents/27590/203401/Desarrollo+conductas+responsables+3+a+12+a%C3%B1os.pdf/b1e340c3-328a-4ea9-bea5-993348ce8c82



Jue
10
Mar

Actividades para mejorar la autoestima:

Como soy.

Objetivo: Incrementar la autoestima y desarrollar sentimientos de seguridad Desarrollo: Se hará una foto a cada niño y se pegará en el centro de una cartulina. Sentados en círculo se irán comentando las características de cada uno, con la cartulina en el medio para que todos la vean. Se describirá el color de pelo, ojos, si es niño o niña, su simpatía, cualidades, etc. Las cartulinas se colocarán en una pared de la clase para que todos puedan mirarlas y observar lo positivo que tienen.

El espejito mágico.

Objetivo: Incrementar la autoestima y desarrollar sentimientos de seguridad Desarrollo: El grupo estará en círculo y se irá pasando el espejo de un niño a otro. Cada niño dirá qué es lo que más le gusta de sí mismo y le pasará el espejo a su compañero para que diga otra cualidad. Si a un niño no se le ocurre nada se le animará diciendo que se mire en el espejo y que vea algo que tiene muy bonito, puede ser necesario irle dirigiendo por las distintas partes de su cuerpo para que se fije en cada una de ellas.


Actividades para mejorar el autoconocimiento:


Háblame con un dibujo

Objetivo: Utilizar el dibujo como medio de comunicación.

Desarrollo: Explicamos como muchas veces las imágenes nos dicen muchas más cosas que las palabras. Por esta razón, vamos a aprender a expresarnos a través de dibujos. El diario emocional. Objetivo: Abrir una puerta de comunicación entre padres e hijos para que las emociones y sentimientos fluyan y se expresen dentro de un marco controlado y amigable en lugar de hacerlo de otras formas (somatizaciones, depresión, miedos, ansiedad, agresividad, intolerancia, etc.).

Desarrollo:

1º- Hay que delimitar un tiempo cada día. Un buen momento es por la noche justo antes de acostarse (siempre que no esté excesivamente cansado). El tiempo puede ser variable según edad y circunstancias. Normalmente con 15 o 20 minutos puede ser suficiente.


Actividades para mejorar la autoestima:

Como soy.

Objetivo: Incrementar la autoestima y desarrollar sentimientos de seguridad Desarrollo: Se hará una foto a cada niño y se pegará en el centro de una cartulina. Sentados en círculo se irán comentando las características de cada uno, con la cartulina en el medio para que todos la vean. Se describirá el color de pelo, ojos, si es niño o niña, su simpatía, cualidades, etc. Las cartulinas se colocarán en una pared de la clase para que todos puedan mirarlas y observar lo positivo que tienen.


El espejito mágico.

Objetivo: Incrementar la autoestima y desarrollar sentimientos de seguridad Desarrollo: El grupo estará en círculo y se irá pasando el espejo de un niño a otro. Cada niño dirá qué es lo que más le gusta de sí mismo y le pasará el espejo a su compañero para que diga otra cualidad. Si a un niño no se le ocurre nada se le animará diciendo que se mire en el espejo y que vea algo que tiene muy bonito, puede ser necesario irle dirigiendo por las distintas partes de su cuerpo para que se fije en cada una de ellas.

Actividades para mejorar el autoconocimiento:


Háblame con un dibujo

Objetivo: Utilizar el dibujo como medio de comunicación.

Desarrollo: Explicamos como muchas veces las imágenes nos dicen muchas más cosas que las palabras. Por esta razón, vamos a aprender a expresarnos a través de dibujos. El diario emocional. Objetivo: Abrir una puerta de comunicación entre padres e hijos para que las emociones y sentimientos fluyan y se expresen dentro de un marco controlado y amigable en lugar de hacerlo de otras formas (somatizaciones, depresión, miedos, ansiedad, agresividad, intolerancia, etc.).

Desarrollo:

1º- Hay que delimitar un tiempo cada día. Un buen momento es por la noche justo antes de acostarse (si 0 minutos puede ser suficiente.


2º- El niño tendrá una libreta (diario emocional) que previamente ha escogido y sea de su gusto.


3º- Los padres conjuntamente o uno de ellos (u otro en su ausencia) pedirán al niño que haga un pequeño balance del día (empezar por las cosas positivas y dejar para el final las negativas). Ahora es el momento de sacar aquellas cosas que no han ido bien y tratarlas relajadamente, con sentido positivo y compartiendo estrategias comunes para superarlas. Según la edad y/o capacidad verbal del niño puede que tenga cierta dificultad para expresarse o no comente aspectos relevantes. Los padres deberán tener la habilidad suficiente para irlo guiando hacia el terreno que deseamos con sutileza. No se trata de recriminar sino de hacerle ver en qué puede mejorar y cómo hacerlo. También de alabar sus cosas buenas.


4º- Si el niño ya sabe escribir y según su capacidad, deberá anotar muy brevemente aquellas cosas que considere relevantes (positivas y negativas) en su diario y lo que es más importante: cómo se ha sentido. Por ejemplo: “Hoy Julia me ha castigado y me he sentido triste”. No se trata de que le hagamos cada día un interrogatorio sino que nos habituemos a hablar acerca de nuestras experiencias diarias. No forzarlo si no lo desea. En este caso recordarle que estamos allí para escucharle y que cuando lo desee estamos disponibles.


5º -El objetivo fundamental no es tanto la solución de sus pequeños problemas diarios sino la de trabajar la expresión emocional de los mismos para consolidar el hábito de compartir y comprendernos mejorar para minimizar los conflictos. A pesar de que el niño se muestre (normalmente al inicio del programa) reticente a manifestar sus emociones más intimas, el mensaje que recibe es muy contundente: “Mis padres están ahí para escucharme”. Ello supone un afianzamiento de su seguridad emocional y de los lazos afectivos e indirectamente se reducen las posibilidades de conductas disruptivas.


6º- Cuando analicemos el día, destacar especialmente los aspectos positivos, los pequeños avances en aprendizaje o conducta. Para finalizar la sesión podemos introducir un pequeño juego o actividad (leer un cuento, etc.).


7º- El registro de todas estas experiencias por parte del niño incrementan su percepción de las diferentes situaciones y el modo correcto de hacerles frente. Igualmente ofrece a lo largo del tiempo información relevante acerca de la evolución del niño en los aspectos trabajados.


8º- El Diario emocional puede tomar diferentes formas y debe ajustarse a las necesidades y peculiaridades de cada familia e hijos. Aquí sólo exponemos algunos rasgos generales como punto de partida.


Ventajas de su aplicación:

- Regularizar un espacio de comunicación diario y de calidad con el niño.

-  Aumentar su seguridad emocional y autoestima al sentirse escuchado y acompañado.

-  Mejorar la vinculación afectiva con los padres.

-  Reducir miedos y ansiedad ante situaciones nuevas.

-  Reducir enfermedades somáticas.

-  Aprender a resolver los problemas (con la guía de los padres).

-  Saber identificar las emociones y autocontrolarlas.

-  Tener un registro de la evolución del niño en los aspectos que trabajemos.